Novela negra: “Un disparo al autor”

"Un disparo al autor", exposición de Ana Portny

Exposición fotográfica de Ana Portnoy, en Centre Civic Pati Llimona
Del 30 de enero al 10 de febrero de 2014
En el marco de BCNegra2014
Inauguración: 30 de enero, a las 19.30h.
Centre Civic Pati Llimona, Sala Foyer
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BAJA LAS MANOS QUE TE HE VISTO: ANA PORTNOY

Ana Portnoy son unos ojos. De hecho hay más, mucho más. Pero de entrada, unos ojos. Unos ojos preciosos que además saben mirar, olvidar y perdonar. Y también volver a mirar, amar, recordar y vuelta a empezar. Luego, está la voz, la pausa, el respeto para entrar en tu intimidad, en tu dejarte fotografiar. La voz de alguien que ha encontrado la armonía en la amputación, la guerra, el desarraigo o mejor dicho, en la belleza que a veces encuentras en algunas personas, algunos momentos, algunos mundos dentro, fuera de toda esa amputación, guerra y desarraigo. Esos ojos y esa voz le permiten que le abras la puerta y le dejes entrar en tu casa. Ella mira y dispara. No mueve nada de sitio pero cuando guarda la cámara ya nada es igual. Ella como fotógrafa nunca molesta ni importuna. Pide un permiso que no le hace falta. Nunca dispara a quien no quiere. Nunca deja prisioneros y pocas veces enemigos. Ella llega, dispara y no se va nunca. Está ahí y tú lo sabes.

Quizás Ana Portnoy no lo sepa pero es una excelente fotógrafa de niños. Niños viejos, adultos cansados y sobreactuados. También perdidos, envidiosos, lúcidos y algunos hasta felices. Miren esas fotos de escritores de novela negra. Esos tipos y esas tipas poniendo caras de malos y malas. De hombres y mujeres duras. Tratando de parecer animales hermosos. Queriendo parecerse a lo que escriben, al dolor, la fantasía y el desamparo de lo que plasman, retorcido, voraz y lento, en las páginas de sus novelas. Queriendo alejarse de lo que fueron, de lo que les llevó a la escritura, de lo que les niega el sosiego. De su infancia, el retorno a la misma, la huida. Miren esas fotos. Ana Portnoy dispara en el momento que el niño y la niña aparecen en sus ojos. Detrás de la máscara. Sus fotografías muestran ese no saber ubicarse en el mundo de los adultos. Ese itinerario complejo de vanidad y timidez, fortaleza y extrema vulnerabilidad que esconde la escritura cuando es de verdad, no cuando consiste en juntar palabras y poco más. En los ojos de sus retratados siempre está el conflicto y la alegría, la esperanza y el cansancio de tratar de entenderse hablando, escribiendo, viviendo.

Ana Portnoy es un corazón. Un corazón curioso y templado. Y al mismo tiempo alocado, de niña también y siempre generoso. Nunca maltrata al fotografiado. Tampoco lo muestra demasiado hermoso. No busca algo que no existe: el realismo. Busca el instante. La intuición que le lleva al instante tal como es: eterno, inventado, efímero. Con su cámara anticuada y alejado de los arreglos en el ordenador. Ella lo tiene o no lo tiene. Y si no, no pasa nada, te invita a un té y te envuelve en su voz.

Unos ojos, una voz y un corazón. No está mal. Y esa puntería talentosa y artesanal para atrapar quién eres, por qué escribes y por qué estar vivo es siempre una buena noticia para los curiosos como ella, como tú, como casi todos.

Carlos Zanón

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